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André Ricard. Diseño en uso. Una retrospectiva en el marco del Madrid Design Festival 2026

Madrid presume de museos, de musicales y de planes de fin de semana. Sin embargo, de vez en cuando aparece una exposición que no solo se mira. También se entiende. Y, lo más interesante, se reconoce en casa.

Eso pasa con André Ricard. Diseño en uso, una retrospectiva que el Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa, en plena plaza de Colón, acoge dentro del Madrid Design Festival 2026. La muestra se puede visitar del 6 de febrero al 3 de mayo de 2026 y, además, tiene entrada libre.

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La idea suena sencilla, pero engancha. En lugar de contar la carrera del diseñador por años, la exposición ordena los objetos por espacios de uso. Así, una pieza de los años 50 puede convivir con otra de los 2000, si ambas “viven” en la cocina o en el baño. Ese gesto cambia la mirada. Porque el visitante deja de pensar en “historia del diseño” y empieza a pensar en “vida real”.

Escucha aqui la entrevista completa a Arnau Pascual

Una entrevista que aterriza el diseño en la calle

En la entrevista que origina este artículo, Cristina Baigorri habla con Arnau Pascual, Co-comisario (junto a Marina Povedano) de la Expo “André Ricard. Diseño en uso” .

El enfoque no se pierde en tecnicismos. Va directo a una pregunta clave: cómo se elige qué mostrar cuando una trayectoria ocupa décadas y atraviesa tantos encargos.

La respuesta marca el tono de toda la conversación. Arnau explica que el equipo no partió de una lista de “hits”. Empezó por los textos y los libros del diseñador. Después, se metió a fondo en su archivo, hoy custodiado en el Museu del Disseny de Barcelona. Ahí apareció lo importante. No solo los objetos. También los bocetos, los croquis, la documentación y el pensamiento que empujó cada decisión.

Ese trabajo de archivo no funciona como un extra. Funciona como columna vertebral. La exposición quiere enseñar el proceso, no solo el resultado. Y, por eso, el visitante entiende que el diseño no llega por inspiración mágica. Llega por método, prueba y corrección.

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La exposición evita la cronología y gana verdad

Muchas retrospectivas siguen un pasillo del tiempo. Empiezan “cuando todo era blanco y negro” y acaban con el presente. Esta no.

Aquí manda otra lógica. Los objetos aparecen en el lugar donde cobran sentido. La muestra se organiza por ámbitos como la mesa, el baño o la cocina, y apuesta por un montaje que busca cercanía. De hecho, varias reseñas destacan que las piezas se presentan en contexto, con una voluntad casi doméstica.

Esa elección tiene un efecto inmediato. El público no se coloca en modo “museo solemne”. Se coloca en modo “yo he usado algo parecido”. Y ese reconocimiento abre la puerta a la reflexión.

Además, el comisario insiste en un punto. Ricard persiguió la mejor solución posible, no la más llamativa. Por eso el montaje mezcla épocas. Porque la utilidad no envejece igual que las modas.

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Los objetos cotidianos se vuelven protagonistas

En la conversación entre Cristina y Arnau aparecen piezas que mucha gente recuerda aunque no sepa su autor. Ahí está parte del juego. Un diseño popular triunfa cuando se integra tanto que deja de “presumir” de diseño.

En el relato salen objetos domésticos y también piezas con carga simbólica. Se mencionan frascos, interruptores, pinzas, lámparas y perfumes. Y se cuela una idea que resume la filosofía del protagonista: un mismo respeto para un objeto humilde y para un icono mundial.

Esa frase no suena a eslogan. Suena a ética de trabajo. Porque obliga a medir el diseño por su impacto en la vida diaria. Y, de paso, desmonta el tópico del diseño como capricho caro.

Barcelona 92 y la antorcha como examen de honestidad

Cuando la entrevista llega a la antorcha de Barcelona 92, el tono cambia. No por nostalgia fácil, sino por lo que simbolizó ese encargo.

Arnau recuerda que Ricard no apareció solo al final. Empezó a colaborar desde la candidatura, antes incluso de que la ciudad ganara los Juegos. Luego, tras la elección, el diseño de la antorcha exigió una investigación técnica intensa, con muchas propuestas y trabajo con ingeniería.

Aquí el detalle importa. Ricard entendió que la antorcha no solo debía “verse bien”. Debía funcionar. Debía representar una identidad. Y, además, debía proteger al usuario real, es decir, al atleta.

En la entrevista aparece un ejemplo muy claro. Ricard pensó en la llama, el humo y el gesto de llevarla. Se preocupó por cómo afectaba al cuerpo. Ese enfoque revela algo básico: la empatía también se diseña.

Y, de fondo, se asoma el contexto. Barcelona 92 proyectó una España moderna y abierta al exterior. La antorcha se convirtió en un símbolo móvil. Por eso, el comisario la interpreta como “cápsula” de un cambio de época.

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Diseño en uso y el choque con la cultura de lo superficial

La parte más actual de la entrevista llega cuando se habla de jóvenes diseñadores. El comisario no pontifica. Describe un choque generacional que cualquiera reconoce.

Hoy manda la imagen rápida. Mandan las redes. Mandan los objetos que se fotografían bien. Sin embargo, Ricard defendió otra cosa. Defendió la utilidad honesta. Y defendió que el diseño resuelve problemas antes de decorar titulares.

Aquí el comisario lanza una idea que merece subrayado. El diseño no vive lejos de la realidad. Vive dentro. Vive en la cocina, en el baño, en el gesto de abrir un envase, en la manera de coger una botella.

Esa mirada tiene un punto democrático. Si el diseño solo sirve para exhibirse, excluye. Si el diseño mejora lo cotidiano, incluye.

Por eso la exposición se titula como se titula. “Diseño en uso” no funciona como etiqueta bonita. Funciona como posición ideológica.

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Una exposición que busca conexión emocional

El comisario insiste en otro objetivo. Quiere que el público conecte desde lo emocional. No desde la teoría.

Por eso se juega con “entrar en espacios”. El visitante se encuentra con objetos que forman parte de su imaginario familiar. A veces, incluso, reconoce algo que estuvo en casa de sus abuelos. Ese tipo de conexión cambia la experiencia.

Entonces ocurre algo interesante. La gente deja de decir “qué bonito” y empieza a decir “qué bien pensado”. Y esa diferencia marca el aprendizaje.

En la entrevista también aparece una idea amplia, casi antropológica. El diseño no nació ayer. Acompaña al ser humano desde que tuvo que adaptarse al mundo. Herramientas, artefactos, soluciones pequeñas. Todo eso forma parte de la creatividad humana.

Ese enfoque coloca a Ricard en una tradición larga. Y, al mismo tiempo, lo vuelve muy contemporáneo. Porque hoy, con crisis climática y consumo acelerado, la durabilidad vuelve a importar.

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El documental como cierre y una lección inesperada

La conversación menciona un elemento final dentro del recorrido. La exposición incluye un documental en el que el propio Ricard explica su trabajo. Varias piezas periodísticas también destacan esa dimensión pedagógica, centrada en el uso y en la lógica práctica.

Ese cierre tiene sentido. Después de ver objetos, bocetos y contextos, escuchar al diseñador completa el mapa mental del visitante.

Además, el comisario subraya un tipo de detalle que parece pequeño, pero no lo es. Diseñar un cenicero, una botella o un envase infantil exige pensar en manos distintas. Exige pensar en niños, en personas mayores, en gestos torpes, en prisas. Exige pensar en vida.

Y ahí aparece la gran enseñanza. El diseño no pide admiración. Pide responsabilidad.

Por qué esta muestra importa en Madrid ahora

Madrid vive un momento de agenda cultural intensa. A veces esa abundancia dispersa. Sin embargo, esta exposición tiene algo que la hace diferente: se puede visitar rápido, pero se queda dando vueltas.

Primero, porque entra por la vista, pero se instala en la cabeza. Segundo, porque propone una conversación sobre ética sin volverse sermón. Y tercero, porque desmonta el “diseño como lujo” con ejemplos que cualquiera ha tenido entre manos.

Además, el contexto del festival suma. Madrid Design Festival vuelve a desplegar exposiciones y actividades por la ciudad, y esta retrospectiva se coloca como una de las grandes apuestas de 2026.

Y hay otro dato práctico que conviene tener en mente. La muestra se ubica en Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa, en Plaza de Colón, 4, y el propio portal turístico de la ciudad detalla accesos en metro y transporte público.

Una pista para quien llega sin ser “del mundo del diseño”

La entrevista deja un mensaje claro para quien duda. No hace falta ser diseñador. Ni arquitecto. Ni estudiante del sector.

De hecho, quizá la disfrute más quien nunca se ha planteado estas preguntas. Porque el recorrido convierte lo cotidiano en tema de conversación. Y eso engancha.

La recomendación sería simple: ir con tiempo y con curiosidad. Mirar los objetos como si fueran pistas. Preguntarse por qué una forma existe así. Y preguntarse qué problema resuelve.

Cuando el visitante sale, suele ocurrir lo mejor. Entra en su casa y mira distinto. Mira la botella, el interruptor, la lámpara, el envase. Y, sin darse cuenta, se vuelve más exigente con lo que compra.

Eso también es cultura. Y, en el fondo, eso también es ciudad.

Próxima parada Barcelona y una vida más larga

La entrevista cierra con una noticia que amplía el recorrido. La exposición viajará a Barcelona. Distintos medios ya apuntan que llegará en octubre al Disseny Hub, y el propio Disseny Hub anuncia fechas concretas: del 28 de octubre de 2026 al 14 de marzo de 2027.

Ese “tour” tiene lógica. Ricard pertenece a Barcelona por biografía, pero también pertenece a cualquiera que haya vivido rodeado de objetos bien resueltos.

Y ahí queda la idea final que deja la entrevista. En tiempos de ruido y de estética veloz, la utilidad vuelve a ser un acto casi rebelde. Y eso explica por qué esta muestra no se limita a homenajear a un nombre. En realidad, homenajea una manera de estar en el mundo.

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Una retrospectiva de la trayectoria de André Ricard, grandes exposiciones de Madrid Design Festival

Madrid Design Festival 2026 reúne en el Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa tres exposiciones principales, abiertas del 6 de febrero al 3 de mayo: “André Ricard. Diseño en uso”, “Manifiesto Mediterráneo” y “Arte textil en Guatemala: diseño e identidad”. La programación plantea el diseño como una herramienta cultural, social y ética, conectada con las personas y con los contextos donde se produce.

“André Ricard. Diseño en uso” propone una retrospectiva de más de seis décadas de trabajo de uno de los pioneros del diseño industrial en España. Incluye piezas icónicas como la lámpara Tatu, las pinzas Tong y la antorcha olímpica de Barcelona 92, y muestra cómo el autor unió la práctica profesional con una mirada ética y social.

La exposición presenta los objetos cotidianos en espacios como la mesa, la cocina, el baño y el estudio. Además, incorpora bocetos, prototipos y documentación para mostrar el proceso y reforzar un legado basado en la utilidad, la claridad formal y la vigencia del diseño en uso.

El acto de presentación contó con representantes del Ayuntamiento de Madrid, del Fernán Gómez, del festival y de Guatemala como país invitado, además de la participación del comisariado de las exposiciones.