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El Spritz conquista Madrid: en La Filomena, en el Barrio de las Letras, se sirve el mejor de la ciudad

Hay bebidas que son una moda. Y hay bebidas que son una forma de vivir. El Spritz pertenece, sin duda, a la segunda categoría. Ese vaso grande, lleno de hielo, con su color naranja atardecer y su rodaja de naranja asomando por el borde, ha dejado de ser una postal veneciana para convertirse en un ritual madrileño. Hoy se pide en las terrazas de Malasaña, en las barras de Chamberí y, sobre todo, en el Barrio de Las Letras, donde un pequeño bar italo-madrileño lo ha elevado a la categoría de arte: La Filomena, para muchos, el mejor Spritz de Madrid.

Un cóctel con casi dos siglos de historia

Para entender el Spritz hay que viajar al Véneto del siglo XIX. Por entonces, la región estaba bajo dominio del Imperio austrohúngaro, y los soldados y funcionarios austriacos, poco acostumbrados a la potencia de los vinos venecianos, pedían que se los rebajaran con un chorrito de agua. En alemán, “spritzen” significa precisamente eso: rociar, salpicar. De aquella costumbre práctica nació un nombre y, con el tiempo, una leyenda.

El salto definitivo llegó a principios del siglo XX, cuando el agua se sustituyó por soda y empezaron a añadirse los amargos italianos: el Select en Venecia, el Campari en Milán y, sobre todo, el Aperol, creado en Padua en 1919 por los hermanos Barbieri. La fórmula moderna —prosecco, bitter y un golpe de soda— se consolidó en los años cincuenta y se convirtió en el emblema líquido del aperitivo, ese momento sagrado de la cultura italiana en el que el día laboral se rinde y empieza la conversación.

De Venecia a la Puerta del Sol: cómo el Spritz se hizo madrileño

Madrid tardó en descubrirlo, pero cuando lo hizo, lo adoptó sin complejos. En la última década, el Spritz ha pasado de ser una rareza de restaurante italiano a un habitual de las cartas de media ciudad. Y tiene lógica: pocos lugares del mundo comparten con Italia esa devoción por el ritual previo a la comida. Aquí lo llamamos “el vermú” o “la caña de antes”; allí lo llaman aperitivo. El idioma cambia, la filosofía es la misma: sentarse, brindar y alargar la vida un rato más.

El Spritz encajó en Madrid como una pieza que faltaba. Es ligero, es alegre, es fotogénico y marida igual de bien con unas aceitunas que con una burrata. Los madrileños, expertos en el arte de la terraza, encontraron en él al compañero perfecto.

Rita, propietaria de “La Filomena” junto a Dario

La Filomena: donde el Spritz sabe a Italia de verdad

Pero una cosa es servir un Spritz y otra muy distinta es entenderlo. Y ahí es donde entra en juego La Filomena, el bar de tapas con alma italiana de la calle Lope de Vega, en pleno Barrio de Las Letras.

Al frente están Rita y Dario, una pareja de Liguria que lo dejó todo para empezar de cero en Madrid. Y ese origen se nota en cada copa. El Spritz de La Filomena no es un cóctel de manual: es memoria. Es el aperitivo tal y como se toma en Italia, preparado por manos que crecieron con él, con las proporciones justas, el hielo abundante y esa naturalidad que no se aprende en ningún curso de coctelería.

No lo decimos solo nosotros: quien lo prueba, repite. La barra de La Filomena, alegre y colorida, se ha convertido en el rincón favorito de vecinos y visitantes para el ritual del aperitivo, acompañado de una tabla de embutidos italianos, unas albóndigas caseras o su ya famosa burrata. Si buscas el mejor Spritz de Madrid, la brújula apunta a Lope de Vega, 15.

La novedad: el Limoncello Spritz

Y cuando parecía que el clásico Aperol Spritz no tenía rival, llega la sorpresa. La Filomena acaba de incorporar a su carta el Limoncello Spritz, la última tendencia llegada directamente del sur de Italia. La receta cambia el amargor anaranjado por la frescura luminosa del limoncello: prosecco, licor de limón, soda y una hoja de menta o una rodaja de limón para rematar.

El resultado es un cóctel más fresco, más cítrico y peligrosamente fácil de beber. Un sorbo y estás en la costa amalfitana; otro, y sigues en Las Letras. Esa es la magia. En Italia ya es el fenómeno del momento, y en Madrid muy pocos locales lo preparan como se debe. La Filomena, con su limoncello de verdad y su instinto ligur, lo borda.

Limoncello Spritz de “La Filomena”

Un aperitivo para los 365 días del año

Aquí conviene desmontar un mito: el Spritz no es solo una bebida de verano. En Italia se toma en agosto y en enero, en la playa y con abrigo, porque el aperitivo no es una cuestión de temperatura sino de actitud. Es el momento de desconectar, de encontrarse, de brindar por el día que termina.

Madrid, con su sol generoso incluso en pleno invierno y su vida de barra eterna, es la ciudad perfecta para adoptar esa filosofía. Un Spritz en una tarde fría de noviembre, junto a la barra de La Filomena, sabe tan bien como en una terraza de julio. Quizá mejor, porque dentro hace calorcito, suena una conversación en italiano y en español a la vez, y Rita y Dario te reciben como si fueras de casa.

Porque al final, eso es el Spritz: una excusa maravillosa para parar el reloj. Y en Madrid, la mejor excusa tiene nombre propio.

La Filomena