Arte y Cultura CULTURA y OCIO Eventos

Colores que hablan en la muestra “Arte textil en Guatemala diseño e identidad”

En la plaza de Colón, dentro del Centro Cultural Fernán Gómez, hay una sala que estos días no se recorre como una exposición cualquiera. Se recorre como si fuera un mapa. Un mapa hecho de hilo, de símbolos y de color. La muestra “Arte textil en Guatemala diseño e identidad” se puede visitar hasta el 3 de mayo de 2026 y forma parte del programa de Madrid Design Festival 2026.

En ese escenario, la periodista Cristina Baigorri, compañera de la redacción, ha entrevistado a Paco Sagone [ sagonedesign.com ], diseñador formado en Guatemala y residente en España. La conversación no se queda en lo teórico. Al contrario, acompaña un paseo real por la exposición. Y ese detalle importa, porque el discurso se vuelve práctico, directo y visual.

La exposición no vende nostalgia. Tampoco juega a “folclore bonito”. En cambio, plantea algo mucho más actual. Pone sobre la mesa una idea potente: los textiles tradicionales también hablan el idioma del diseño contemporáneo. Lo hacen con herramientas antiguas y con una lógica sorprendentemente moderna.

Guatemala arte textil, que está en el Centro Cultural Fernando Fern (5)

Una sala que funciona como un espejo

Quien entra se topa con prendas, tejidos y piezas elaboradas con técnicas tradicionales, como el telar de cintura y el brocado. La propuesta busca una experiencia inmersiva. Por eso, el montaje empuja a mirar de cerca. Y también a entender que detrás de cada pieza hay decisiones. Decisiones de uso, de identidad y de pertenencia.

En la visita, Sagone se muestra cómodo. No solo mira. Interpreta. Además, conecta lo que se ve con un aprendizaje muy físico del oficio. Habla de taller, de materiales, de cortar metal, de soldar, de trabajar madera. Ese recorrido no suena romántico. Suena a formación seria. Una formación que obliga a defender ideas con las manos y con la cabeza.

Ahí aparece una primera diferencia clave. En su etapa universitaria en Guatemala, según explica, el diseño se trabajaba desde la práctica constante. El alumnado exponía conceptos y prototipos de forma continuada. Así, la idea no se quedaba en el aire. Bajaba al suelo. Pasaba por el cuerpo.

Entrevista completa a Paco Sagone por Cristina Baigorri

La persona como punto de partida

Sagone insiste en una prioridad que se repite en todo el recorrido. Primero van las personas. Después llega la estética. En su explicación, el diseño vale cuando alguien entiende un objeto sin miedo. O cuando lo usa sin pelearse con él. O cuando lo reconoce como propio.

Ese enfoque aterriza muy bien en el universo textil que propone la exposición. Allí, la prenda no solo cubre. También cuenta. También ordena. Y, sobre todo, identifica.

En la entrevista, Baigorri le empuja a traducirlo para el público. Y Sagone lo hace con un ejemplo que cualquiera entiende. No es lo mismo diseñar un botón para un niño que para una persona mayor. Cambia la fuerza. Cambia la ergonomía. Cambia la confianza. La lógica se mantiene, aunque el material cambie.

Por eso, cuando el diseñador mira los huipiles expuestos, no los reduce a artesanía. Los lee como sistemas. Los ve como soluciones. Y los presenta como algo muy contemporáneo: diseño que nace del uso y vuelve al uso.

Guatemala arte textil, que está en el Centro Cultural Fernando Fern (5)

El huipil como DNI cultural

En la exposición aparece una palabra que se vuelve central. Huipil. En términos simples, se trata de una blusa tradicional femenina. Sin embargo, la traducción se queda corta. Sagone lo explica como si estuviera describiendo un documento de identidad. Cada huipil comunica información. Habla de región. Habla de familia. Habla de etnia. Y, en algunos casos, también marca estado civil o rol social.

Aquí la prenda no funciona como “tendencia”. Funciona como declaración. La ropa informa antes de que la persona diga una palabra. Y lo hace sin estridencias. Lo hace con códigos que la comunidad conoce y respeta.

Ese punto resulta clave para entender por qué esta exposición engancha incluso a quien no sabe nada de Guatemala. La muestra no pide conocimientos previos. En cambio, despierta curiosidad. ¿Qué significa ese patrón? ¿Por qué esas geometrías? ¿Por qué ese color de base? ¿Qué se quiere contar con esa combinación?

En ese sentido, la exposición se vuelve una lección de comunicación visual aplicada a la vida real. No a la marca. No al anuncio. A la vida cotidiana.

Color a lo grande y sin pedir perdón

El recorrido golpea por la intensidad cromática. Hay rojos y azules que no parecen de aquí. Hay combinaciones que, desde una mirada europea, suenan “arriesgadas”. Sagone lo dice sin dramatismo. En Guatemala, esos colores conviven con una luz distinta. La luz del mediodía cae vertical. La naturaleza mezcla verdes, rojos, amarillos. Las frutas, los pájaros y el paisaje empujan a mirar fuerte.

En su relato aparece un símbolo que resume esa idea. El quetzal, ave nacional, con verdes intensos y rojos que brillan. Esa imagen le sirve para explicar cómo el entorno se cuela en el diseño. No como inspiración decorativa, sino como realidad diaria.

Ese detalle importa porque el debate del color no va de “gusto”. Va de contexto. Va de clima. Va de luz. Va de paisaje. Y, por tanto, va de cultura.

El color no actúa como un capricho estético. Actúa como una respuesta. Y esa respuesta se convierte en identidad compartida.

Guatemala arte textil, que está en el Centro Cultural Fernando Fern (5)

Geometría que parece moderna, pero viene de lejos

Otro elemento destaca en la mirada de Sagone. La geometría. En muchos tejidos aparecen triángulos, rombos, líneas, esquinas. A veces casi no hay curvas. Esa estética puede recordar a escuelas europeas como la Bauhaus. Sin embargo, el paralelismo no reduce el valor de lo guatemalteco. Más bien lo amplía.

Porque aquí pasa algo interesante. La geometría no llega como teoría importada. Llega como lenguaje propio. Se sostiene en repetición, en patrón, en oficio. Y, además, se integra en una prenda que se usa todos los días.

Sagone también explica su gusto por el contraste. Le interesa que una pieza “se lea” rápido. Que se entienda dónde va el brazo. Dónde va la mano. Si hay un botón, que se vea. Esa obsesión por la claridad conecta con su pasión por la semiótica.

Y ahí aparece una frase que ordena todo. El buen diseño no siempre es universal. Más bien se adapta bien a lo que hay. A materiales disponibles. A necesidades concretas. A proporciones correctas. A un uso real.

Artesanía que funciona como industria, pero a otra escala

En un momento del recorrido, la conversación gira hacia la economía. ¿Cómo se sostiene todo esto? ¿Cómo se exporta? ¿Qué pasa cuando el interés internacional crece?

Sagone describe un modelo fragmentado. No hay una gran fábrica central. Hay comunidades pequeñas. Hay mujeres que tejen ciertos días para proyectos concretos. Y, a la vez, mantienen producción para su propia vida. Ese ritmo pide paciencia. También pide respeto. Y exige entender que el tiempo no se negocia igual cuando el trabajo se hace a mano y con tradición.

En el marco del festival, la exposición conecta con instituciones y agentes que impulsan esa visibilidad internacional. De hecho, varias agendas culturales en Madrid la incluyen como una de las piezas fuertes de esta edición.

Aquí el punto no consiste en “comprar bonito”. Consiste en comprender la cadena. Una pieza no vale solo por su resultado. También vale por su proceso. Y el proceso implica comunidad, transmisión y tiempo.

Guatemala arte textil, que está en el Centro Cultural Fernando Fern (5)

Lo que Madrid aprende con esta muestra

Madrid vive un calendario cultural intenso. A veces se solapan planes, exposiciones y festivales. Aun así, esta muestra destaca por una razón concreta: no se limita a exhibir. Enseña. Y lo hace sin ponerse pedagógica.

En una ciudad donde el diseño suele asociarse a producto, interiorismo o marca, esta exposición recoloca la conversación. Pone el foco en lo esencial. ¿Para quién se crea? ¿Qué se comunica? ¿Qué identidad se preserva? ¿Qué se transforma?

Además, el Fernán Gómez reúne varias de las exposiciones centrales del Madrid Design Festival 2026, lo que convierte la visita en un plan redondo para quien quiere entender hacia dónde se mueve el diseño ahora mismo.

Y, al mismo tiempo, el recorrido deja una idea difícil de olvidar. La modernidad no siempre nace de lo nuevo. A veces nace de mirar con respeto lo que ya funcionaba.

Una visita que se queda en la cabeza

La entrevista de Cristina Baigorri con Paco Sagone no cae en el tópico de “qué bonito todo”. En cambio, aterriza en preguntas útiles. Qué diferencia una prenda de diario de una de fiesta. Qué información transporta el tejido. Por qué el color se vuelve un lenguaje. Cómo la forma se simplifica para facilitar el uso.

En conjunto, la charla actúa como un hilo guía. Ayuda a mirar mejor. Y también empuja a entender que el diseño no vive solo en el objeto. Vive en la relación entre el objeto y quien lo usa.

Por eso, esta exposición funciona tan bien en Madrid. Trae una historia local de Guatemala, sí. Sin embargo, la convierte en un espejo global. Cualquiera puede salir pensando en su propia ropa, en sus símbolos y en sus códigos invisibles.

Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa

Pl. de Colón, 4, Salamanca, 28001 Madrid, España