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Madrid Design Festival : “El Lago” y el truco de hacer que un florero parezca una escultura

Madrid Design Festival siempre deja una sensación curiosa. La ciudad se llena de objetos que parecen cotidianos. Sin embargo, cuando alguien los mira de cerca, cambian de categoría. Eso ocurre con “El Lago”, la segunda exposición de Arash Toutounchian, diseñador y fundador de Arash T Studio. La muestra se instala en Cosentino City Madrid y juega con una imagen simple. Los floreros “flotan” sobre un lago imaginario.

La entrevista la firma Cristina Baigorri para el formato Madrid Noticia en Píldoras. Y la conversación marca el tono de la exposición. No se queda en el adorno. Entra en el proceso, en la intención y en el lugar que ocupa el diseño hoy. Además, lo hace con un lenguaje directo. Eso ayuda a entender por qué estas piezas funcionan en un festival así.

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El punto de partida resulta claro: un florero puede sostener flores, pero también puede sostener una idea.

Un lago sin agua y con intención

“El Lago” no necesita agua real para activarse. La exposición propone una escena mental. Las flores y los floreros “están flotando sobre este agua”, explica el propio Arash en la entrevista. Con esa frase ya coloca al visitante dentro. No pide esfuerzo. Solo pide imaginar.

Además, esa metáfora hace algo importante. Aleja el florero del mueble de cocina. Y lo acerca a un escenario. Allí el objeto no espera uso inmediato. En cambio, pide presencia. Y cuando un objeto pide presencia, cambia la relación con quien lo mira.

En ese contexto, Cosentino City Madrid funciona como una especie de marco neutro. El espacio tiene una estética limpia. Por eso, la pieza destaca. Y el relato del lago se sostiene con más facilidad. El entorno no compite. Acompaña.

Escucha la entrevista a Arash Toutounchian

Cosentino City como sala de exposición real

En Madrid, muchos showrooms ya no se limitan a enseñar materiales. También se convierten en sedes culturales temporales. Cosentino City entra en esa lógica. Y Madrid Design Festival la potencia.

La entrevista menciona un detalle práctico. La exposición se puede visitar durante unos quince días. Ese dato, aunque parezca pequeño, cambia el enfoque. No se trata de una instalación que pasa en una tarde. Se trata de una invitación a volver. Y, sobre todo, a mirar con calma.

Cuando una exposición te da tiempo, te obliga a observar mejor.

El diseñador que mezcla disciplinas sin pedir permiso

En la conversación, Cristina describe a Arash como una mezcla de artista, escultor, diseñador y florista. Suena a etiqueta múltiple. Sin embargo, encaja con lo que se ve. Sus piezas se apoyan en la estética escultórica. Al mismo tiempo, no renuncian a la función.

Arash lo dice con naturalidad. Asegura que le gusta hacer piezas “escultóricas” y también “funcionales”. Esa frase aparece con variaciones en la entrevista. Y resume su manera de entender el objeto contemporáneo.

Aquí conviene pararse un segundo. Mucho diseño actual se divide en dos grupos. Por un lado, objetos que solo sirven. Por otro, objetos que solo se contemplan. Arash intenta no elegir un bando. De hecho, insiste en una idea clave. El objeto tiene que funcionar en uso, pero también “cuando no está en uso”.

Esa obsesión por la doble vida del objeto explica casi toda la exposición.

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Floreros que no se guardan en un cajón

En “El Lago” aparecen piezas reconocibles dentro de su serie. Se citan los floreros Devenir, Blossom y XI. También aparecen objetos nuevos que exploran forma y crecimiento. El propio creador deja caer que el año que viene mostrará ideas “más escultóricas”. Aun así, mantendrá una condición. Se podrán usar con flores.

Esa promesa no suena a estrategia de marketing. Suena a método. Él vuelve al mismo problema y lo aprieta un poco más cada año. ¿Cómo hacer que un objeto útil se mantenga interesante todo el tiempo?

En la entrevista, Arash lo formula de una manera sencilla. Dice que no quiere que la pieza sea “un base” que se pone y se quita. Quiere que sea “parte de tu espacio”. Es una frase cotidiana. Sin embargo, dispara una pregunta grande. ¿Qué objetos merecen quedarse a la vista?

Aquí el diseño se mezcla con la vida doméstica. Porque un florero puede tener uso puntual. Pero una escultura ocupa lugar siempre. Y ese “siempre” exige que la pieza aporte algo incluso en silencio.

Devenir y la idea de crecer sin ir recto

Cristina se fija en un cambio respecto al año anterior. Ella percibe formas más redondas. Y le pregunta por un florero en particular, Devenir. La pregunta busca un nombre y una inspiración. Arash responde con una imagen que no necesita traducción.

Explica que quiso mostrar “el proceso de crecimiento de una flor”. Luego conecta esa idea con un pensamiento más amplio. Dice que la vida “no es un proceso recto”. Habla de circular, de ir hacia un lado y hacia otro. Aun así, insiste en que todo “va subiendo” y “creciendo”.

Ese relato tiene dos capas. La primera resulta visual. El florero se entiende como una curva que sube. La segunda es emocional. La curva representa la manera real de avanzar. No lineal. No limpia. Mucho más humana.

Además, Arash introduce un detalle inesperado. Cuenta que la forma también viene de su parte infantil. Menciona al “mago” que hace su magia y “asciende” con un gesto circular. Con eso abre una puerta íntima. Y lo hace sin dramatismo.

Cuando un diseñador habla de infancia, suele hablar de intuición.

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Técnica y creatividad en el mismo banco de trabajo

En muchos discursos sobre diseño, la técnica aparece como un paso previo. Primero se domina la técnica. Luego se “crea”. Aquí el enfoque parece distinto. Técnica y creatividad se mezclan desde el inicio. La pieza nace de una idea formal, pero también de un uso real.

Arash no se presenta como alguien que solo dibuja. Se presenta como alguien que construye. Por eso, cuando habla de “escultórico”, no lo dice como adjetivo vacío. Lo dice como condición de volumen. La forma tiene que sostenerse. Y el objeto tiene que aguantar su propia presencia.

A la vez, el creador no renuncia a lo cotidiano. Un florero existe para contener. Existe para relacionarse con flores, con agua y con una mesa. Entonces, el reto crece. Porque cualquier exceso formal puede estorbar al uso.

Ahí aparece el equilibrio que comenta en la entrevista. Él quiere que el público “fije” la parte escultórica. Quiere que se note que cada pieza tiene una manera decorativa. Y, al mismo tiempo, quiere que se pueda usar. Ese “y” importa. Sostiene toda la propuesta.

La experiencia del público como termómetro real

La entrevistadora lanza una pregunta inteligente. ¿Qué le aporta exponer casi cada año? ¿Qué le devuelve el público? Arash responde sin postureo. Da a entender que esa conversación le interesa.

Cuando un creador expone de forma recurrente, se enfrenta a una presión. Tiene que evolucionar. Y tiene que hacerlo sin romper su lenguaje. En “El Lago” se percibe ese intento. Mantiene las flores como denominador común. Sin embargo, cambia la manera de presentarlas.

También cambia la manera de pensar el objeto. La exposición no solo muestra floreros. Muestra un enfoque. Ese enfoque dice que el diseño puede colocarte en un estado mental. Incluso si solo miras un jarrón.

Además, el formato anual crea una relación con la ciudad. Madrid se convierte en un público que crece con el creador. Y eso no pasa siempre. Muchas veces, los autores aterrizan una vez y se van. Aquí, en cambio, se construye continuidad.

La continuidad convierte una exposición en conversación.

Madrid Design Festival y el papel del diseño hoy

En la entrevista, aparece otro tema de fondo. El papel del diseño contemporáneo en eventos como Madrid Design Festival. Aunque no se desarrolla como debate largo, sí se intuye.

Un festival de diseño hoy compite con muchas cosas. Compite con la rapidez. Compite con la saturación visual. Compite con el consumo que te empuja a comprar sin mirar. Por eso, una exposición que pide contemplación se vuelve casi un gesto político. No en el sentido partidista. En el sentido del tiempo.

“El Lago” invita a mirar despacio. También invita a pensar en el objeto como compañía. No como herramienta que se usa y se olvida. Y ese cambio de perspectiva encaja con una parte del diseño contemporáneo. La parte que intenta rehumanizar lo doméstico.

Por otro lado, el festival actúa como amplificador. Cuando un autor expone en ese marco, su obra se coloca en un mapa mayor. Ya no habla solo a sus seguidores. Habla a un público que viene por curiosidad. Ese público puede no saber nada de Arash. Aun así, puede salir con una idea clara.

Esa idea, en este caso, se podría resumir así. El objeto útil no tiene por qué ser discreto. Puede ser protagonista. Puede tener carácter. Y puede resistir la mirada.

Objetos para usar y para mirar

Arash insiste en que sus piezas funcionan como escultura incluso sin flores. Esa afirmación parece obvia en una galería. Sin embargo, en un entorno doméstico no lo es tanto. En casa, los objetos compiten con otras prioridades. Espacio, orden, limpieza, rutina.

Por eso, su propuesta se vuelve práctica. Si el florero también funciona como objeto decorativo, no depende del uso. No necesitas flores todos los días. No necesitas montar una escena. El objeto ya aporta algo.

Esa lógica conecta con una tendencia silenciosa. Muchas personas ya compran diseño para construir ambiente. Buscan piezas que “hagan” la casa. No por lujo. Por identidad. En ese sentido, un florero escultórico se parece a una lámpara o a una silla con personalidad. Aporta estilo aunque nadie lo “active”.

El diseño contemporáneo gana cuando se integra en la vida sin pedir disculpas.

El cierre que deja ganas de tercera parte

Hacia el final, la conversación toma un tono de complicidad. Cristina sugiere que espera una tercera exposición. Y lo dice como quien ya entiende el juego. Cada año, un viaje. Cada año, un escenario. Este año, un lago.

Arash responde con gratitud. No suelta un discurso largo. Mantiene el tono cercano. Ese detalle también cuenta. Porque la exposición puede ser sofisticada, pero el relato no necesita serlo. De hecho, cuanto más simple suena el creador, más se entiende la obra.

Al final, “El Lago” funciona por varias razones. Tiene un concepto visual fácil de captar. Tiene piezas con presencia. Y tiene un discurso que no se esconde detrás de palabras raras. Habla de crecimiento. Habla de curvas. Habla de infancia. Y habla de cómo un objeto puede quedarse en casa como parte del espacio.

Si te acercas a Cosentino City Madrid, probablemente no salgas pensando en “un florero”. Saldrás pensando en una pieza que flota en tu cabeza un rato. Y eso ya dice mucho.

👉 DATOS DE LA EXPOSICIÓN: https://madriddesignfestival.lafabrica.com/programa/madrid-disena/arash-t-studio/#ArashToutounchian