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PHotoESPAÑA 2026 no quiere que mires más fotos, quiere que vuelvas a aprender a ver

En 2026 no faltan imágenes. Sobran. Están en el móvil, en la calle, en las pantallas del metro, en redes sociales, en campañas, en noticias y en conversaciones privadas. Todo pasa por la imagen y, precisamente por eso, cada vez cuesta más detenerse de verdad ante una. PHotoESPAÑA 2026 parte de ese diagnóstico y lo convierte en el eje de toda su 29ª edición. Bajo el lema Volver a imaginar, el festival no busca añadir otra capa de ruido visual, sino abrir un espacio para frenar, pensar y discutir qué puede seguir haciendo la fotografía en un tiempo saturado de estímulos. Esa idea atraviesa una programación que reunirá más de 40 exposiciones en la Sección Oficial, cerca de 100 muestras y sedes, y más de 300 artistas visuales entre el 13 de mayo y el 13 de septiembre.

La clave está ahí. PHotoESPAÑA ya no se presenta solo como una gran cita cultural de calendario, sino como una propuesta que quiere responder a una crisis de lectura visual. En conversación con MadridNoticia, Juan Varela, coordinador del evento., resume bien el enfoque. Frente a la “producción casi compulsiva de imágenes” que define esta época, el festival propone “detenerse, frenar y reflexionar sobre aquello que vemos”. No es una frase decorativa. Encaja con una edición que se ha construido como un espacio de pensamiento y no solo como una suma de grandes nombres.

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Un festival que responde al cansancio visual

La organización defiende que esta edición quiere ensanchar los márgenes de la fotografía, entendida “tanto como objeto como lenguaje”. Eso se traduce en una programación que mezcla maestros de la historia del medio, voces contemporáneas, autores emergentes y también propuestas que desbordan la imagen fija tradicional. El propio dossier insiste en que la edición reivindica “la creatividad, la experimentación y la exploración de los límites de la imagen” y que, además, busca reforzar su vínculo con las generaciones más jóvenes.

No se trata solo de una intención teórica. Varias exposiciones parecen diseñadas para intervenir directamente en ese debate. Una de las más claras es El jardín revelado, de José Quintanilla, en CentroCentro. El proyecto parte de una idea incómoda, pero muy actual. La fotografía, tras casi dos siglos de existencia, muestra signos de agotamiento por la sobreexposición diaria a miles de imágenes, por la pérdida de veracidad del lenguaje fotográfico y por la masificación de dispositivos. A partir de ahí, Quintanilla propone explorar los límites del medio fuera de su esencia documental y acercarse a un lenguaje más pictórico, en busca de nuevas vías expresivas.

También encaja en esa misma línea la colectiva Volver a imaginar, en el Círculo de Bellas Artes. La muestra plantea un diálogo entre creadores españoles y neerlandeses en torno al medio fotográfico, la experimentación material y conceptual y las formas de representación contemporáneas. El texto del festival lo deja claro: los artistas reunidos reflexionan sobre la transformación del medio y exploran nuevas formas de reconfigurar la imagen.

Ahí aparece una de las grandes fortalezas de PHotoESPAÑA 2026. No se limita a hablar de fotografía como testimonio de lo real. La presenta también como un territorio inestable, como un lenguaje que hoy necesita revisarse a sí mismo.

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Las mujeres dejan de ser excepción y pasan al centro

Uno de los datos más comentados de esta edición es la presencia femenina. El festival contará con un 65 % de participación de mujeres frente a un 35 % de hombres. Pero el dato, por sí solo, no explica todo. La cuestión interesante no es solo cuántas artistas hay, sino qué lugar ocupan dentro del programa.

Juan Varela sostiene que en el caso de PHotoESPAÑA existe un compromiso firme con las políticas de igualdad de género y que ese enfoque atraviesa la propuesta curatorial de manera sostenida. Viendo la programación, cuesta llevarle la contraria. Las mujeres no aparecen encerradas en una sección simbólica ni relegadas a un papel secundario. Están en algunas de las apuestas más potentes del festival.

Una de ellas es Viviane Sassen, que protagoniza LUX & UMBRA en el Teatro Fernán Gómez. La muestra, concebida para PHotoESPAÑA 2026, supone la primera individual de la artista en España y reúne más de tres décadas de trabajo en una retrospectiva que relee su archivo con una mirada poética. Su presencia, además, resulta central dentro del programa dedicado a Países Bajos, país invitado de esta edición.

También destacan Laia Abril, con Endometriosis en el Museo Nacional del Romanticismo, una instalación que denuncia el sesgo histórico de la medicina y la deslegitimación del dolor femenino; Isabel Muñoz, que vuelve con Las piedras del cielo; Gema Polanco, que transforma el Museo Nacional de Artes Decorativas en un territorio íntimo y ritual; Tanit Plana, que incorpora incluso la reflexión sobre inteligencia artificial en Disfuncionarias; Talia Chetrit, Greta Alfaro, Colita o Sonia Celma, entre otras.

Por eso, más que una tendencia puntual, esta edición parece consolidar algo más serio. La fotografía hecha por mujeres ya no ocupa un margen amable dentro del festival. Ahora sostiene parte de su discurso principal.

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La política no aparece como decorado

Cuando se revisa la programación de PHotoESPAÑA 2026, salta otra evidencia. Este año el festival mira de frente varias de las grandes preocupaciones sociales de España y Europa. Lo hace desde la memoria, la identidad, el cuerpo, la protesta y la discusión sobre quién tiene derecho a construir relato.

Juan Varela lo plantea con claridad al hablar de las exposiciones más políticas. No solo documentan movilizaciones actuales ligadas, por ejemplo, a los derechos de las mujeres o del colectivo LGTBIQ+, sino que muestran cómo la imagen y la acción comunitaria pueden cuestionar el orden político y social.

Ese enfoque se percibe con nitidez en varias muestras. Endometriosis, de Laia Abril, denuncia el abandono institucional y la violencia obstétrica a partir de una enfermedad históricamente minusvalorada. Nosaltres no tenim por, nosaltres som, de Colita, recupera por primera vez el conjunto del reportaje sobre la manifestación del 26 de junio de 1977 en Barcelona, considerada la primera gran protesta LGTBI+ celebrada en España. Más de cuatro décadas después, esas imágenes siguen funcionando como una advertencia y como una memoria activa.

En paralelo, Refusal. Second Fracture, de Rafał Milach, pone el foco en la construcción y la fisura de los relatos oficiales en Europa del Este a partir de la propaganda bielorrusa y de la resistencia ciudadana. Y Modos de ver, en el Centro de Arte Complutense, reúne proyectos finales de 50 artistas que exploran identidad, memoria y sentido de pertenencia en un contexto de transformación constante. El festival no ofrece aquí una política de pancarta. Ofrece algo más complejo. Una política de la mirada.

Avedon y Frank siguen hablando con los artistas de hoy

Uno de los aciertos de esta edición está en el diálogo entre historia y presente. No hay ruptura impostada entre los nombres clásicos y las generaciones actuales. Al contrario. El festival construye una línea bastante coherente entre unos y otros.

PHotoESPAÑA 2026 contará con Richard Avedon en Fundación MAPFRE y con Robert Frank en Espacio Fundación Telefónica. En el caso de Frank, además, se presentará por primera vez en España de forma íntegra su emblemática serie The Americans.

Juan Varela subraya que ambos son dos referentes esenciales de la fotografía norteamericana del siglo XX y que su humanismo, su mirada crítica y su posicionamiento frente a las desigualdades sociales siguen alimentando a muchos autores contemporáneos. Esa lectura se entiende mejor cuando se mira el resto del programa.

Alejandro Cartagena, por ejemplo, aparece en MAPFRE con una exposición que desafía la idea clásica del “momento decisivo” y apuesta por la serialidad y la multiplicidad de perspectivas para abordar migración, vivienda, frontera y transformación urbana. Su trabajo rechaza la jerarquía entre imágenes y pone lo colectivo por delante de lo individual. Esa manera de empujar el documental hacia otro lugar no rompe con Avedon o Frank. Dialoga con ellos desde el presente.

También ocurre algo parecido con Isabel Azkarate, que en Serrería Belga cambia la cámara por un dispositivo Xiaomi con ópticas Leica sin perder su mirada de calle, o con proyectos como el de Linarejos Moreno, que llevan la reflexión documental hacia territorios más simbólicos y comunitarios.

El público joven se convierte en un objetivo real

Una de las preguntas más decisivas para cualquier festival en 2026 tiene que ver con la edad de su público. En este punto, PHotoESPAÑA parece haber entendido que no basta con esperar a que la gente joven llegue sola. Hay que ir a buscarla con códigos nuevos.

Según explica Juan Varela el festival lleva dos años trabajando una reflexión interna sobre el sentido que debe tener un evento así en el siglo XXI. Una de las conclusiones más fuertes de ese proceso ha sido la necesidad de impulsar la alfabetización visual de las nuevas generaciones, que consumen y producen imágenes de forma permanente y muchas veces poco reflexiva.

Esa idea también se traslada a la programación. El dossier insiste en que el festival refuerza el vínculo con las generaciones más jóvenes y, además, suma iniciativas profesionales y pedagógicas como Descubrimientos PHE, PHotoESPAÑA PRO Talento a bordo o la segunda temporada de ¿Qué miras?, la serie documental coproducida por La Fábrica y CaixaForum+ que vuelve a plantear una reflexión sobre el lenguaje visual y su papel en la sociedad contemporánea.

La estrategia resulta clara. Acercarse a públicos jóvenes no desde el paternalismo, sino desde formatos más sensoriales, audiovisuales, instalativos y performativos. O dicho de otro modo, dejar de pensar que la única forma legítima de ver fotografía sigue siendo una copia enmarcada en una pared blanca.

La tecnología entra en la conversación, no como amenaza, sino como campo de debate

Otro de los asuntos fuertes de esta edición tiene que ver con las nuevas tecnologías y con la inteligencia artificial. Juan Varela evita el alarmismo y plantea una posición bastante concreta. Las inteligencias artificiales generativas son, ante todo, una herramienta más. Algunos artistas ya las incorporan a la construcción de sus discursos visuales y el festival quiere actuar como puente entre creadores y sociedad para abrir un espacio de diálogo sobre su uso.

Esa discusión no queda en abstracto. Disfuncionarias, de Tanit Plana, introduce la IA como una extensión contemporánea de la lógica administrativa que traduce el mundo en datos, patrones y relaciones matemáticas. No es la única aproximación posible, pero sí una muestra de que PHotoESPAÑA 2026 no quiere quedarse al margen del debate sobre cómo cambia la imagen cuando cambian sus herramientas.

Más allá de Madrid, el festival quiere ensanchar su mapa

Aunque Madrid sigue siendo el centro natural del festival, esta edición amplía de nuevo su geografía. El dossier confirma su expansión a Alcalá de Henares, Barcelona, Corao Castiellu, Gijón, Santander, Sevilla, València y Zaragoza, además de una colaboración internacional en Paraguay.

Juan Varela defiende que esa línea forma parte del ADN de PHotoESPAÑA desde su creación. La idea no es menor. Llevar el festival a otros territorios no solo descentraliza la cultura. También cambia el tipo de acceso del público y el contexto en el que se produce la experiencia.

Barcelona contará con exposiciones como las dedicadas a Minor White y Tusquets de Cabirol. València acogerá el II Premio de Comisariado José Luis Soler. Zaragoza celebrará el centenario del estudio de Jalón Ángel. Y en Gijón aparecerán proyectos vinculados al acompañamiento y a la producción de artistas emergentes.

PHotoESPAÑA 2026, en el fondo, parece querer algo bastante concreto. No pretende que el público vea más imágenes. Pretende que vuelva a mirarlas con intención. Ese es su gran reto. Y también su mayor ambición.