Bares y Restaurantes

Evolución y tradición: la historia de Casa Alberto

En la calle de las Huertas, en pleno Barrio de las Letras, hay una fachada roja que cualquier madrileño reconoce al instante. Sobre la puerta, un rótulo sencillo: Casa Alberto. Y en el suelo de la entrada, una placa del Ayuntamiento con una fecha que impone respeto: 1827. Quien cruza ese umbral no entra solo en un bar ni en un restaurante; entra en una de las tabernas más antiguas y con más historia de Madrid, levantada además sobre el solar donde vivió y escribió Miguel de Cervantes.

Casa Alberto está a punto de cumplir 200 años. En casi dos siglos ha servido chatos de vino a los madrileños de Fernando VII, vermut a los oficinistas de los años veinte, tapas a toreros legendarios y rabo de toro a turistas llegados de medio mundo. Y lo ha hecho sin perder el alma: la barra, los grifos, la caja registradora y el sabor castizo siguen ahí. Esta es su historia, con sus anécdotas, sus tesoros escondidos y todo lo que hay que saber antes de ir.

Casa Alberto Madrid, taberna centenaria en la calle Huertas

Una taberna nacida en 1827 sobre la casa de Cervantes

La fecha de fundación no es una leyenda: consta en la placa colocada por el Ayuntamiento de Madrid en el suelo de la entrada. El edificio actual es de aquella época, pero se construyó sobre otro anterior, de mediados del siglo XVI. Y ese edificio primitivo tiene un inquilino ilustre en su currículum.

Cervantes, vecino del número 18

Según la tradición y las crónicas del barrio, Miguel de Cervantes vivió en esta casa entre 1613 y 1614, en los años más fértiles de su vida. Se le atribuye haber terminado aquí el Viaje del Parnaso, publicado en 1614, y haber escrito entre estas paredes capítulos de la segunda parte del Quijote y de Los trabajos de Persiles y Sigismunda, la obra que cerraría su carrera.

No era un caso raro: Cervantes cambió muchas veces de casa en el barrio, casi siempre por estrecheces económicas. Su último domicilio estuvo a unos pocos metros de aquí, en la esquina de la actual calle de Cervantes con la calle del León, donde murió en abril de 1616. Si quieres conocer esa historia, te la contamos en nuestro reportaje sobre la calle de Cervantes.

La consecuencia es deliciosa: quien pide un vermut en la barra de Casa Alberto lo está haciendo, literalmente, en el mismo solar donde Cervantes imaginaba las últimas aventuras de Don Quijote y Sancho. Pocos bares del mundo pueden decir algo parecido.

El Madrid de Fernando VII: vino, huevo duro y bacalao

Cuando Casa Alberto abrió, reinaba Fernando VII y Madrid era una ciudad de tabernas. La de la calle Huertas nació como una sencilla casa de vinos, sin pretensiones. Los madrileños entraban a tomar un chato de vino acompañado de un huevo duro y un trozo de bacalao seco. Esa era toda la “carta”. Nada de platos ni de mesas con mantel: un mostrador, un tabernero y una clientela fiel.

El vino más habitual era el de Valdepeñas, que llegaba a Madrid en pellejos de piel. Aquí va la primera curiosidad para presumir en la sobremesa: el comedor actual del restaurante ocupa el antiguo cuarto donde se guardaban esos pellejos de vino. Donde hoy se sirve rabo estofado, hace casi dos siglos se almacenaba el tinto que alimentaba la taberna.

Dos siglos de taberneros segovianos

Otra de las particularidades de Casa Alberto es quién la ha llevado. Desde sus inicios, la taberna estuvo regentada por segovianos, que se fueron sucediendo al frente del negocio entre familiares y conocidos. Las familias Sanz, Pesquera y de Dios, todas procedentes del norte de Segovia, han escrito su historia.

No es una casualidad. Durante los siglos XIX y XX, buena parte de las tabernas y ultramarinos de Madrid estuvieron en manos de emigrantes llegados de Castilla, Asturias o Galicia, que trabajaban de sol a sol, formaban a sobrinos y paisanos y acababan cediendo el negocio a la siguiente generación. Casa Alberto es uno de los mejores ejemplos vivos de aquel modelo de oficio heredado.

Los años del vermut y los teatros

A finales del siglo XIX, Madrid vivía una época de cafés, teatros y vida callejera: músicos ambulantes, traperos, floristas… Mucha gente que visitaba el Museo del Prado —creado oficialmente en 1819— bajaba después a tomar algo al barrio. Casa Alberto estaba en el sitio perfecto.

El gran momento llegó hacia 1924, cuando la taberna vivió varios años de esplendor. Gente “chic”, paseantes y oficinistas se dejaban caer para probar las nuevas tapas, como los arenques o el bacalao seco. Fue también la época en la que el vermut se hizo sitio como la bebida del aperitivo, una costumbre que Madrid ya nunca abandonaría.

Cuando el tren trajo el mar a la calle Huertas

Hay un detalle histórico que explica parte de la carta: la llegada del ferrocarril. Gracias al tren, el pescado y el marisco empezaron a llegar frescos a Madrid, y las tabernas incorporaron productos impensables pocas décadas antes: almejas guisadas, ostras, cangrejos cocidos, anchoas, quisquillas… Una ciudad a cientos de kilómetros del mar descubría el placer del marisco en la barra.

Barra histórica de Casa Alberto en el Barrio de las Letras de Madrid

Un museo detrás de la barra: los tesoros de Casa Alberto

Si vas a Casa Alberto, no te limites a pedir y mirar el móvil. Levanta la vista y fíjate en los detalles, porque el local es prácticamente un museo de la taberna madrileña. Estas son las piezas que no te puedes perder.

La barra de ónice y madera

La joya de la casa es su barra de piedra de ónice combinada con madera, una rareza que se considera única en Madrid y muy difícil de encontrar en el resto de España. Es una de las barras más antiguas de la ciudad y tocarla es tocar dos siglos de codos apoyados, cañas servidas y conversaciones.

El librillo de zinc y la pila de estaño

En un extremo del mostrador hay una pila de estaño, el antiguo librillo, que servía para refrescar las frascas de vino en agua fría y para lavar los vasos. En una época sin neveras, era la forma de servir el vino fresco. Hoy es una pieza de colección que la casa conserva con orgullo.

Los grifos, la cabeza de perro y el agua de Seltz

Los curiosos disfrutarán con la pila de cinco grifos de los que manaban la cerveza y el vermú, y en especial con el famoso grifo con forma de cabeza de perro, una de las piezas más fotografiadas del local. Muy cerca está el manómetro o saturadora de agua de Seltz, con el que la propia taberna fabricaba su agua con gas, imprescindible para rebajar el vino y preparar refrescos.

La caja registradora y las taquillas de la clá

Completan la colección la caja registradora del siglo XIX, el botellero, las columnas de hierro forjado y las lámparas de bronce. Pero la curiosidad más sorprendente son unas pequeñas taquillas donde se vendían entradas para la clá de los teatros.

La clá (o claque) era el grupo de espectadores que aplaudía por encargo en los estrenos para asegurar el éxito de una obra. En un barrio lleno de teatros, las tabernas funcionaban como punto de reunión de actores, empresarios y “aplaudidores” profesionales. Que Casa Alberto conserve esas taquillas es un recuerdo precioso de cuando la calle Huertas era el corazón del espectáculo madrileño.

Una planta llena de recuerdos

En la segunda planta se exponen recuerdos vinculados a Cervantes, y las paredes del salón están forradas de fotografías, cuadros y motivos taurinos: amigos, clientes y personajes que han sido testigos de la historia de la casa. Merece la pena pedir permiso y echar un vistazo.

Toreros, cómicos y alcaldes: la clientela ilustre

Casa Alberto ha sido siempre lugar de encuentro de toreros y aficionados taurinos, escritores y dramaturgos. Por sus mesas pasaron figuras como Manolete, Juan Belmonte o la familia Dominguín, y también personajes de la vida pública más reciente, como el alcalde Enrique Tierno Galván.

La cercanía de los teatros convirtió además la taberna en un sitio perfecto para enterarse de lo que se estrenaba, lo que se criticaba y lo que triunfaba en la ciudad. En cierto modo, Casa Alberto heredó la función de los antiguos mentideros del Siglo de Oro: un lugar donde Madrid se contaba a sí misma.

El vermut de grifo de Casa Alberto: una religión

Si hay una bebida asociada a esta casa es el vermut de grifo. Y aquí no se trata de un vermut cualquiera servido de botella: Casa Alberto elabora su propio vermut en la taberna, lo que la convierte en una de las pocas de Madrid donde el vermut no sale de una botella comercial.

Tiene incluso marca propia, y si te gusta puedes llevarte una botella a casa. El ritual es el de siempre: llegar a mediodía, pedir un vermut en la barra con su rodaja de naranja y su aceituna y acompañarlo de una tapa. Es, probablemente, la mejor forma de empezar a conocer Casa Alberto.

Qué comer en Casa Alberto: la carta

La cocina de Casa Alberto se define como defensora entusiasta de la gastronomía madrileña tradicional, con un toque de vanguardia. La casa funciona en dos alturas: la taberna, con barra y tapas, y el restaurante, con servicio a mesa. Un detalle importante: todos los platos se pueden tomar también en la barra.

Los clásicos que hay que probar

Los platos que han hecho famosa la casa son los de siempre, los de la cocina castiza madrileña:

  • Rabo estofado: la especialidad de la casa y, según muchos, uno de los mejores de todo Madrid. Meloso, largo de cocción, de los que se deshacen con el tenedor.
  • Callos a la madrileña: otro emblema. La casa fue elegida restaurante favorito en las Jornadas Gastronómicas de los Callos de 2012.
  • Caracoles a la madrileña, con su salsa picantona, un plato cada vez más difícil de encontrar bien hecho.
  • Albóndigas de ternera y carrillada de ternera, guisos de cuchara de los de toda la vida.
  • Bacalao a la madrileña, heredero directo de aquel bacalao seco que se servía con el chato de vino en 1827.
  • Pollo de corral en pepitoria, una receta clásica de la cocina española que ya casi solo se ve en casas con solera.

Los platos con toque de vanguardia

Junto a los clásicos, la carta incluye propuestas más actuales que demuestran que la tradición no está reñida con la evolución: el pulpo a la brasa con mollejas de ternera y reducción de carne, las alcachofas a la brasa con velo ibérico, la manita de cerdo rellena de rabo estofado, el canelón de morcilla o la perdiz en escabeche con verduritas.

Para compartir y para terminar

Para abrir boca, la ensaladilla rusa de la casa, el jamón ibérico de Guijuelo, las croquetas caseras de jamón o las de calamares en su tinta con alioli. Y de postre, clásicos como la torrija con helado, la tarta de queso al horno, el flan casero o el curioso postre castizo con helado de violeta, un guiño a los famosos caramelos de violeta de Madrid.

Precios orientativos

Casa Alberto no es una tasca barata, pero tampoco un restaurante de lujo. Según su carta actual, los platos para compartir rondan los 13-28 euros, los principales se mueven entre 21 y 28 euros (el rabo estofado está en torno a 28 euros y los callos en 26,50) y los postres cuestan 7,50-8 euros. El servicio de pan se cobra aparte (1,50 euros por persona) y los precios incluyen IVA. Una comida completa con bebida puede quedar en torno a 40-55 euros por persona, aunque tapeando en la barra se puede gastar bastante menos.

Rabo de toro y cocina madrileña en Casa Alberto

Premios y reconocimientos

El prestigio de Casa Alberto no es solo sentimental. En su vitrina hay una larga lista de reconocimientos que abarcan casi medio siglo:

  • Un Sol de la Guía Repsol, que mantiene desde 2015.
  • Medalla del Ayuntamiento de Madrid 2025.
  • Premios Lito 2024 y reconocimiento de Restaurant Guru 2024.
  • Premio Barrio de las Letras.
  • Local Favorite 2015 de The Culture Trip.
  • Restaurante favorito en las Jornadas Gastronómicas de los Callos 2012.
  • Diploma del Ayuntamiento de Madrid por servicios prestados a la ciudad (2006).
  • Diploma al mérito como establecimiento tradicional madrileño (1980), de la Cámara de Comercio e Industria.

Curiosidades rápidas sobre Casa Alberto

  • Está a un año de cumplir 200: el bicentenario llegará en 2027.
  • El comedor era la bodega: ocupa el antiguo cuarto de los pellejos de vino.
  • Su fachada roja abarca la entrada al portal, siguiendo el canon clásico de las tabernas madrileñas: color vivo, rótulo con el nombre y el número de la calle sobre la puerta.
  • La placa de 1827 está en el suelo, no en la pared. Mira hacia abajo al entrar.
  • Tiene su propio libro: la casa ha publicado su historia y se puede descargar desde su web.
  • Lo que empezó con huevo duro y bacalao sigue presente hoy en el bacalao a la madrileña de la carta. Dos siglos de continuidad en un plato.
  • Cervantes no es el único vecino ilustre: en un radio de pocos cientos de metros vivieron Lope de Vega, Quevedo y Góngora.

Consejos para visitar Casa Alberto

Horarios

La casa distingue entre la zona de taberna y el restaurante:

  • Taberna: de martes a sábado, de 12:00 a 23:00; domingos, de 12:00 a 16:00.
  • Restaurante: de martes a sábado, de 13:30 a 16:00 y de 20:00 a 23:00.
  • Lunes cerrado.

Conviene comprobar los horarios en su web antes de ir, sobre todo en festivos y en agosto.

Reservas

Para comer o cenar en el restaurante, es muy recomendable reservar, especialmente los fines de semana. Se puede hacer desde su web o por teléfono en el 914 299 356. Para el vermut en la barra no hace falta reserva, pero a la hora del aperitivo de sábado y domingo se llena.

Nuestro plan ideal

Llega sobre las 12:30, pide un vermut de grifo en la barra y fíjate en el librillo, los grifos y la caja registradora. Sube después al comedor y pide rabo estofado o callos, con unas croquetas para compartir. Termina con una torrija. Y a la salida, date un paseo por el Barrio de las Letras: la Casa Museo Lope de Vega, la placa de la casa donde murió Cervantes y el convento de las Trinitarias están a menos de cinco minutos andando. Si prefieres otro tipo de aperitivo, muy cerca tienes La Filomena, donde sirven uno de los mejores spritz de Madrid.

Cómo llegar

Casa Alberto está en la calle de las Huertas, 18 (28012 Madrid). Las paradas de metro más cercanas son Antón Martín (línea 1), Sol (líneas 1, 2 y 3) y Sevilla (línea 2), todas a pocos minutos a pie. Desde la plaza de Santa Ana se llega en apenas dos minutos.

Preguntas frecuentes sobre Casa Alberto

¿Es Casa Alberto la taberna más antigua de Madrid?

Es una de las más antiguas, fundada en 1827, pero no la más antigua: hay otras tabernas y restaurantes madrileños con fundación anterior. Lo que la hace única es la combinación de casi 200 años de historia, su patrimonio interior intacto y su ubicación sobre la casa donde vivió Cervantes.

¿Qué es lo más famoso de Casa Alberto?

El rabo estofado, los callos a la madrileña y su vermut de grifo de elaboración propia.

¿Vivió realmente Cervantes en Casa Alberto?

El edificio actual es de 1827, pero se levantó sobre una casa del siglo XVI donde, según la tradición, vivió Cervantes entre 1613 y 1614. Allí habría terminado el Viaje del Parnaso y escrito parte del segundo Quijote y del Persiles.

¿Se puede comer en la barra?

Sí. Todos los platos de la carta pueden tomarse en la barra, además de las tapas.

¿Hay opciones para alérgenos?

La casa tiene a disposición de los clientes la información de alérgenos de todos sus platos; basta con pedirla al camarero.

Casa Alberto, un pedazo vivo de Madrid

Hay restaurantes que se visitan por la comida y otros que se visitan por la historia. Casa Alberto es de los pocos que ofrece las dos cosas al mismo nivel. En su barra de ónice se han apoyado los madrileños de Fernando VII, los oficinistas de los años veinte, los toreros de la edad de oro y los turistas de hoy. Sobre su solar, Cervantes escribió algunas de las páginas más importantes de la literatura universal. Y en su cocina, el rabo sigue estofándose con la misma paciencia de siempre.

A las puertas de su bicentenario, Casa Alberto sigue demostrando que la tradición no es algo que se guarda en una vitrina, sino algo que se sirve cada día en la barra. Si vives en Madrid y todavía no has ido, ya tienes plan. Si estás de visita, no te vayas sin brindar con un vermut de grifo donde vivió Cervantes. Es, sin exagerar, una de las experiencias más auténticas de la historia de Madrid.

Dónde está Casa Alberto

Calle de las Huertas, 18, Centro, 28012 Madrid · Tel. 914 299 356