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Crianza y educación: más que emociones, una apuesta por las virtudes

La diferencia crucial entre sentir y actuar

En un mundo donde la inmediatez y la gratificación instantánea son el pan de cada día, muchos niños solo aprenden a sentirse bien. Pero actuar correctamente está quedando en el olvido. La psicóloga María Castells, del Departamento de Orientación de Highlands School Barcelona, hace una reflexión importante: los niños necesitan más que sentir, deben aprender a actuar.

Ella señala que las virtudes no vienen de fábrica con el paquete del ADN. Estas se construyen día a día. Cada pequeño acto suma. Dominar impulsos y elegir correctamente, aunque sea lo más difícil, es lo que forma el carácter. En lugar de sermonear, María sugiere que la mejor enseñanza viene de la experiencia práctica.

niños sienten

La experiencia como mejor maestra

Castells está convencida de que los niños aprenden más del hacer y sentir que de lo que oyen. Imagínate tratando de enseñar a montar bicicleta con sermones en lugar de ruedas de entrenamiento. Así mismo, pequeños momentos cotidianos pueden convertirse en lecciones de vida. Invitarlos a recoger sus juguetes después de jugar, pedir disculpas cuando cometen un error o decir siempre la verdad son experiencias que los marcan.

Según María, estas pequeñas experiencias no necesitan ser ensayos perfectos. Lo crucial es que los niños sientan la satisfacción de actuar bien. Cuando descubren por sí mismos la gratificación que viene de una buena acción, quieren repetirla. Este tipo de aprendizaje deja huellas más profundas que la mera imposición de reglas.

Cultivar virtudes desde temprana edad

Entonces, ¿cómo se estructura este aprendizaje? María Castells propone un enfoque por etapas de desarrollo. En la tierna etapa de 0 a 6 años, cultivar valores como la obediencia, la sinceridad y la responsabilidad es esencial. Es cuando las bases del carácter comienzan a forjarse. A medida que los niños crecen (entre 6 y 12 años), y empiezan a explorar su entorno social, la generosidad, el esfuerzo y la empatía cobran importancia.

Establecer límites también es fundamental. No se trata de reprimir, sino de guiar. Con la orientación adecuada, los niños aprenden a elegir lo correcto, aunque eso implique una pequeña dosis de esfuerzo. Esta formación en virtudes no es un camino fácil y rápido. Es progreso lento que emerge de situaciones diarias y decisiones pequeñas.

El papel de los colegios RC en la formación integral

Aquí es donde entra en escena la educación integral que ofrecen los Colegios RC, parte del Regnum Christi. No es solo enseñar matemáticas o historia, sino inculcar valores. Con más de 153,000 estudiantes en todo el mundo, estos colegios buscan formar individuos completos. Su enfoque se basa en cuatro pilares: excelencia académica, formación internacional, acompañamiento personal y formación católica.

Además, con el reconocimiento como Cambridge International Schools, los colegios RC se posicionan bien en los rankings educativos españoles. Ofrecen a sus estudiantes una educación que va más allá de los libros. Busca preparar a personas capaces de enfrentar y abordar las realidades del mundo moderno.

No se trata de tener hijos perfectos

María Castells concluye con una idea clara: no se trata de tener hijos perfectos. La meta es tener niños en crecimiento, que reconozcan el valor detrás de sus acciones. Que entiendan y construyan un carácter sólido a partir de experiencias reales.

En esencia, mientras vivimos rodeados de tecnologías concebidas para facilitar gratificaciones inmediatas, no olvidemos la importancia de las pequeñas lecciones de vida. La educación basada en virtudes podría ser la clave para una sociedad más equilibrada y feliz.